Pensemos en un proceso erosivo: el agua erosiona a las tierras, a las menos cohesionadas. El primer día no pasa nada, al segundo tampoco, pero poco a poco va creando mellas que desgastan y deforman por completo y de una forma irremediable el paisaje. La única solución es cerrar el paso al agua. Miento, queda otra solución aceptar la erosión y apreciar el nuevo paisaje.
El agua se puede cortar, pero cómo haces para detener un torrente de soledad, odio, rencor y desconfianza. La mezcla perfecta, ¿verdad?
Pensando en la otra posible solución: ¿qué ofrece el nuevo paisaje? Nada. Es como aquella canción “no hay mundo perfecto que nos consiga conquistar”.
Pero sin duda, esta segunda solución es la respuesta a la primera línea, una respuesta a una necesidad.
Pero para afrontar lo nuevo, hace falta valor y entereza, ambos valores de los que carezco. Desearía tenerlos, pero no se qué pasa, ¿o si?, soy una cobarde que sigue atándose a pequeños gestos, los cuales os juro que duran décimas de segundo y tomo desgraciadamente como eternidades.
A veces pienso, sí pienso, algo muy difícil cuando esa bomba de relojería que tengo ahora mismo como corazón late a mil por hora, que nada de lo que tengo ahora merece ni un único latido del mismo. Pero me da igual, pasan como cinco minutos y se me olvida este hecho y se me olvida mi dignidad, mis principios, mis valores y mi valentía y el corazón vuelve a latir.
Efectivamente eso es lo que pasa cada día, el proceso erosivo, la bomba de relojería y la pérdida de valores. El mismo proceso una y otra vez.
Suena el despertador. Hoy va a ser el día. Me han inyectado valor. Pero miento como una bellaca, vuelvo a ser débil, sumisa y una completa estúpida.
¿Pero qué pasa? ¿Me estoy anulando como persona? ¿Yo? Pero si yo soy YO, con mayúsculas ¿O es que esto me está haciendo más fuerte?
Creo que ninguna de las dos cosas, solamente me estoy haciendo daño. Estoy creándome una película que me protege, como si fuese a sufrir una metamorfosis. Una fina película intraspasable que me hace muchísimo daño, pero no solo a mí, también a mi entorno.
La situación no es buena, para nada, pero soy consciente, una estúpida consciente de que se hace daño y no puede parar de hacerlo. Una imbécil consciente de que se está anulando como persona, consciente de que no amo nada, pero incapaz de desatarme. Consciente de mis circunstancias y las consecuencias que esto conlleva, pero incapaz de pararlas, solo de escribirlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario