miércoles, 7 de diciembre de 2011

BlogFUTURA: Intercambio de enlaces

BlogFUTURA: Intercambio de enlaces

Hola a tod@s! Tengo un blog en el que aparecen mis pequeñas obras de literatura, echad un vistazo, y si os ha gustado no dudeis en escribirme un comentario :) Saludos :D
http://ochoananas.blogspot.com/
http://ochoananas.blogspot.com/
Muchas gracias ;)

MI aliento.


Lágrimas.
Tómatelo con filosofía.
Quién bien te quiere te hará llorar.
Si tus lágrimas no son ácido ascórbico en su interior, no merece tus llantos, ni tus llantos ni tus angustias, ni tus miedos, ni tus debilidades, si no intenta hacer luz en tu oscuridad, no merece ser tu aliento de vida.
Ahora mismo algo te muerde el corazón, te arranca un trocito de ventrículo y se regocija en tu aurícula. Te corroe por dentro, te presiona, te hiere, te quita el aire y te crees que lo único que puedes respirar es su aliento, aliento de vida.
¿A qué llamamos aliento? Cada vez que pienso en esta palabra se me viene a la cabeza la misma imagen, incluso un sonido. Es fuerza, es algo a lo que te atas, es algo que te da alguien y como si de un contrato se tratase te aferras a ello, te agarras, y no te puedes soltar. El que alguien sea tu aliento supone un arnés, soltarte te produce miedo, pánico, terror. Pero si ese arnés te ahoga?  ¿Qué te da más miedo el vértigo de caer? ¿o la filosofía del esperar?
Creo que tomarte algo con filosofía supone, tener calma, quietud metal y un aura limpio. Eso es todo lo que yo no tengo.
Hace unos meses estaba colgada de una montaña, en un arnés, el arnés me apretaba tanto que me ahogaba, no lo podía controlar. De repente apareció el tópico “tómatelo con filosofía” me calle, esperé, y pensé que el tiempo aflojaría ese arnés y todo se sanaría, subiría a la superficie y mi aventura quedaría como un episodio más.
La historia no fue así, me calmé, y razoné. Pero no me quede parada, no, me agarré a la rama de un arbolillo por ahí, una rama débil,, bonita pero irremediablemente débil.  Así lo hice durante meses, me agarré  a pequeños brotes, convenciéndome a mi misma que algún día saldría de ahí., convenciéndome que los brotes eran peldaños para ascender y mejorar.
El resultado: al estar tan convencida de lo que hacía y no pensar en la difícil situación que estaba sufriendo, no me daba cuenta  que cada vez el arnés  apretaba más, que cada vez las heridas de su roce eran más graves, cada vez más profundas, y que posiblemente se me  quedarían para siempre grabadas en mi  piel, formando parte de mi historia personal.
Además de esto, ahora no puedo subir a la cima, ya no quedan más ramas, más brotes ni más árboles a los que atarme, sólo vislumbro una mano en la cima pero tengo que pegar un gran salto para subir hacia ella, tengo que sacar todas mis fuerzas, las cuales se han perdido en el camino, y por último, coger aliento.
Pero este aliento, este aliento si que es mío. Solo mío.
Solo soy capaz de escribirlo.

Valor, mi chocolate favorito.

Descansar y olvidar. Supongo que es lo que necesito, ahora, una necesidad física y mental. Mi cabeza va a una velocidad superior a la luz, y no para, no para y crea grietas.
Pensemos en un proceso erosivo: el agua erosiona a las tierras, a las menos cohesionadas. El primer día no pasa nada, al segundo tampoco, pero poco a poco va creando mellas que desgastan y deforman por completo y de una forma irremediable el paisaje. La única solución es cerrar el paso al agua. Miento, queda otra solución aceptar la erosión y apreciar el nuevo paisaje.
El agua se puede cortar, pero cómo haces para detener un torrente de soledad, odio, rencor y desconfianza. La mezcla perfecta, ¿verdad?
Pensando en la otra posible solución: ¿qué ofrece el nuevo paisaje? Nada. Es como aquella canción “no hay mundo perfecto que nos consiga conquistar”.
Pero sin duda, esta segunda solución es la respuesta a la primera línea, una respuesta a una necesidad.
Pero para afrontar lo nuevo, hace falta valor y entereza, ambos valores de los que carezco. Desearía tenerlos, pero no se qué pasa, ¿o si?, soy una cobarde que sigue atándose a pequeños gestos, los cuales os juro que duran décimas de segundo y tomo desgraciadamente como eternidades.
A veces pienso, sí pienso, algo muy difícil cuando esa bomba de relojería que tengo ahora mismo como corazón late a mil por hora, que nada de lo que tengo ahora merece ni un único latido del mismo. Pero me da igual, pasan como cinco minutos y se me olvida este hecho y se me olvida mi dignidad, mis principios, mis valores y mi valentía y el corazón vuelve a latir.
Efectivamente eso es lo que pasa cada día, el proceso erosivo, la bomba de relojería y la pérdida de valores. El mismo proceso una y otra vez.
Suena el despertador. Hoy va a ser el día. Me han inyectado valor. Pero miento como una bellaca, vuelvo a ser débil, sumisa y una completa estúpida.
¿Pero qué pasa? ¿Me estoy anulando como persona? ¿Yo? Pero si yo soy YO, con mayúsculas ¿O es que esto me está haciendo más fuerte?
Creo que ninguna de las dos cosas, solamente me estoy haciendo daño. Estoy creándome una película que me protege, como si fuese a sufrir una metamorfosis. Una fina película intraspasable que me hace muchísimo daño, pero no solo a mí, también a mi entorno.
La situación no es buena, para nada, pero soy consciente, una estúpida consciente de que se hace daño y no puede parar de hacerlo. Una imbécil consciente de que se está anulando como persona, consciente de que no amo nada, pero incapaz de desatarme. Consciente de mis circunstancias y las consecuencias que esto conlleva, pero incapaz de pararlas, solo de escribirlas.